La ansiedad es un trastorno cada vez más frecuente en nuestra sociedad, especialmente en las grandes ciudades.
Vivir con prisa puede ser una forma de vida, pero si sospechas que adoleces de algunos de los siguientes síntomas, será mejor que acudas a nuestros especialistas:
Físicos: Alteraciones del sueño, de la alimentación y de la respuesta sexual, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, vómitos, taquicardia, palpitaciones y opresión en el pecho.
Psicológicos: Temor a perder el control, a la locura, a la muerte o al suicidio, recelos, sospechas, incertidumbre, dificultad para tomar decisiones, manías persecutorias, inquietud, agobio, sensación de amenaza o peligro, ganas de huir o atacar, inseguridad, sensación de vacío, sensación de extrañeza o despersonalización.
Conductuales: hipervigilancia, bloqueos, torpeza, impulsividad, inquietud motora, posturas cerradas, rigidez, tensión de las mandíbulas, cambios en la voz, expresión facial de asombro, duda o crispación, etc.
Cognitivos: tendencia a recordar sobre todo cosas desagradables, sobrevalorar pequeños detalles desfavorables, abuso de la sospecha, interpretaciones inadecuadas, susceptibilidad, falta de atención, concentración y memoria, aumento de los despistes, preocupación excesiva, expectativas negativas, rumiación, pensamientos distorsionados e importunos, incremento de las dudas y confusión.
Sociales: bloquearse o quedarse en blanco a la hora de preguntar o responder, miedo a expresar las propias opiniones o hacer valer los propios derechos, temor a posibles conflictos, irritabilidad, ensimismamiento, dificultades para la conversación o verborrea.
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